Conflictos bélicos y medios de comunicación un ejercicio impostergable en nuestra actualidad. (I)

sgm4 Por: Andy Bermellón Campos

andyb@uci.cu

A lo largo de la historia se puede hallar una íntima relación entre guerra y medios. Estos no son solo instrumentos de propaganda en el más amplio sentido del término, sino que también se ven beneficiados por ello. Cada medio ha marcado una guerra y una época. Así, la prensa fue el medio inicial, el de los nacientes corresponsales allá a mediados del siglo XIX y la relatora de los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial. La radio como arma de guerra y como medio informativo se estrenó con la Guerra Civil española pero el conflicto radiofónico por excelencia fue la Segunda Guerra Mundial.

La guerra de la televisión fue Vietnam y aquel medio se convirtió en un incómodo invitado en el teatro de operaciones puesto que sirvió para conformar un movimiento antibélico. Internet, por su parte, ha supuesto un cambio en la forma de elaborar la información, de difundir la propaganda e incluso «ha facilitado la aparición de un nuevo tipo de conflicto, la llamada ciberguerra»

Una de las primeras guerras que fue cubierta por un medio fue la de Crimea, en la que se aliaron ingleses, rusos, irlandeses y franceses contra el Imperio Otomano. El medio que se estrenaba en la cobertura de una guerra era el periódico londinense The Times para el cual reportaba William H. Russell, quien se considera el padre del periodismo de guerra.

Gracias a la publicación en este medio de reportes que manchaban la moral de los soldados ingleses, los cuales caían, según acreditaba la prensa, como moscas y eran abandonados aún vivos en el campo de batalla. Ello movilizó la opinión pública inglesa, quien levantó la voz para pedir cuentas a su gobierno, lo cual terminó en la deposición del mismo.

La Primera Guerra Mundial aceleró este proceso de transformar el reportaje de guerra en propaganda. Los mass comunication no podían reflejar objetivamente los sucesos del gran conflicto, pues debían beneficiar al esfuerzo bélico de su nación. Su primera responsabilidad era reforzar la moral pública y apoyar la acción bélica, mas no reportar lo que realmente sucedía en los campos de batalla.

Para agosto de 1914 en el Reichstag alemán se pronunciaría una frase equivalente a la que días después se pronunciaría en el palacio presidencial de París. Es una frase que resume la moral comunicacional de guerra y que se dirigió a periodistas y medios presentes en una rueda de prensa: “No podremos decirlo todo, pero todo lo que digamos será verdad”

En esta contienda ocurre un matrimonio inusual, hasta entonces, entre el gobierno y la prensa. El gobierno, en el caso inglés, sufragó con creces esta estrechísima relación.

Desde 1916 cae sobre los grandes diarios una lluvia de títulos nobiliarios, convirtiendo a la prensa de masas inglesa en lo que la historia del periodismo ha definido como “prensa de los lores”

Sin embargo, en Alemania la información correspondió al estado mayor del ejército, el cual se valió de las contribuciones de la agencia germana Wolf.

El control sobre lo que se decía de la guerra era férreo y constante y el cual fue arreciando y ampliando a lo largo del conflicto, de modo que en 1917 el ejército tenía su propia agencia informativa-Deutsche Kriegsnachriechtendienst- dirigida por el mismísimo Ludendorf, y los periódicos pasaban antes de ver la luz por toda una cadena de supervisores militares de alcance nacional, regional y local.

Mientras los ingleses basaban sus relaciones en la colaboración, el gobierno alemán estableció relaciones con la prensa como las de un padre con un hijo insensato, rebelde y hasta delincuente en potencia.

La prensa norteamericana, tras confederarse su país con los ingleses, comienza una labor propagandística en contra de los teutones inventando y creando situaciones en las que aparecieran como los villanos. Eran llamados bárbaros, herederos de las hordas de Atila. El Morning Post reflejaba en sus páginas que: “Solo hay dos divisiones en el mundo actual. Seres humanos y alemanes.

La prensa aprovecha todas las oportunidades para llenar las páginas- a falta de información sobre la guerra- de todo tipo de ficciones, historias o leyendas, siempre montadas y trastocadas a favor propio, aisladamente y sin coordinación.

En la segunda contienda mundial se establecieron tres sistemas de información-propaganda: uno, preferido por los países totalitarios y nazi fascistas como Alemania, Japón e Italia, el cual fue definido como mecanicista; otro caracterizado por el culto a la objetividad y el destierro del engaño, que fue conocido como estrategia informativa blanca; y un tercero, consistente en el sabotaje y el desprestigio de las informaciones de los bandos contrarios, que fue denominado como propaganda negra.

Luego vendría una guerra que no se libraría necesariamente en los campos de batalla pero que tendría su principal escenario en el ámbito político-ideológico, resultado de la bipolaridad que trajo consigo la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra fría impulsaría a los medios occidentales, especialmente norteamericanos, a mostrar a los nuevos “malvados”. Ya no serían los recién derrotados alemanes los perversos de turno, constituiría esta vez la bandera roja de la hoz y el martillo, el nuevo estandarte de la maldad.

El gran cambio en la forma de contar los conflictos se produjo como consecuencia de la Guerra de Vietnam. En este conflicto el Gobierno de los Estados Unidos dio permiso a un gran número de prensa libre para acceder al campo de batalla. La televisión, hasta entonces ausente, permitió que las historias contadas en la prensa o la correspondencia resultaran creíbles. Se veían imágenes a cuenta gotas, pero fidedignas.

Los norteamericanos estaban viendo el horror de la guerra, el dolor humano. Pero también la incapacidad de su país para ganar el conflicto. Esto hizo reflexionar al país y a sus líderes de pensamiento. Se elaboraron los primeros estudios sobre cuál era el número de muertos que podía soportar la opinión pública. Estados Unidos y las potencias occidentales reflexionaron y llegaron a la conclusión de que los partes oficiales de guerra no pueden contradecir el espectáculo televisivo.

Algunos comandantes norteamericanos culpan a los medios de comunicación por la derrota americana en aquella guerra, aseverando que la cobertura- para ellos negativa- del conflicto quebrantó la voluntad del pueblo estadounidense de continuar el apoyo al esfuerzo bélico y que obligó a los políticos a hacer caso omiso a las fuerzas armadas -las cuales aún creían que la guerra se podía ganar. Probablemente la derrota se debió a razones estratégicas militares, ya que el único armamento que no utilizaron fue el nuclear, pero fundamentalmente se pensó que la desmotivación de la opinión pública produjo también la del Estado Mayor norteño. El hecho de que esa opinión pública pudiera presenciar paso a paso el progreso del conflicto, a las reflexiones hechas a genuinos criminales de guerra en el propio EE UU o a las críticas a ciertos comportamientos, suscita una preocupación que desemboca a un cambio en la relación medios de comunicación-conflictos bélicos-opinión pública, en el que nos encontramos a partir de entonces.

Vietnam constituyó una gran escuela para el manejo y tratamiento que deben dar los estados y el ejército a los medios, durante un enfrentamiento armado. Por lo que arribaron a la conclusión de que si un gobierno quiere iniciar o continuar una guerra, debe asegurarse de emplear una estrategia comunicativa que permita que sus ciudadanos perciban ésta como justa.

Tanto la Primera Guerra Mundial como el conflicto armado en Vietnam son dos confrontaciones que marcaron una evolución radical y que fueron puntos de partida en el acontecer histórico para otras contiendas bélicas desarrolladas en las últimas dos décadas del siglo XX como: la guerra de las Malvinas, las intervenciones militares en Granada y Panamá, la Guerra del Golfo de 1991 y el conflicto bélico en Kosovo en 1998, acontecimientos que marcaron nuevas estrategias en la divulgación de los conflictos bélicos por parte de los medios de comunicación.

Materiales recomendados:

Caballero, Antonio. Una foto de guerra. Arcadia. Número 4. Enero de 2006.

Vázquez Montalbán, Manuel: Historia y comunicación social, Editorial

Pablo de la Torriente, La Habana.

Santos Rubino, Alejandro. Política, guerra y medios de comunicación en

Colombia. En: Alma Mater número 541. Marzo de 2006.

“Bajo el fuego”, corresponsales de nuestra propia guerra/ José

Couso disponible en: http://clandestinodeactores.com/laplacenta/?p=2500/

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