EE.UU., Obama y los ciberataques.

Imagen1Por: Leoandris Sanchez Vargas

lvargas@uci.cu

Revisando información sobre los virus o malware concebidos para atacar, desestabilizar, alterar o manipular información asociada o contenida en los sistemas informáticos, he encontrado un término que hoy en día se ha hecho muy popular: ciberataque. Relacionado con este vocablo hay dos hechos que demuestran el uso de la tecnología en función de la desestabilización: los virus Stuxnet y Flame

Stuxnet -que en su momento fue nombrado por muchos como el primer gran virus informático orientado a la industria-, fue un gusano diseñado para atacar el programa nuclear iraní cuyo análisis por expertos indicaban una hoja de ruta clara: sabotear los equipos que controlan los procesos productivos para conseguir reprogramar y obtener información y salió a la luz en junio de 2010, aunque en realidad este programa malicioso ya estaba en función un año antes.

Por su parte Flame, fue descubierto por la firma de seguridad Kaspersky. Según la compañía, se trataba del “software malicioso de vigilancia más complejo hasta la fecha” que recopilaba datos privados de otros países y había estado operando desde agosto del 2010. Este programa infectaba el sistema realizando un complejo conjunto de operaciones, incluyendo la sustracción del tráfico de la red, capturas de pantalla, grabación de conversaciones de audio, así como la interrupción del teclado.

Asociado a esto, gran repercusión ha tenido la posibilidad de que el presidente Barack Obama tenga amplios poderes para ordenar un “ataque preventivo”, en caso de que Estados Unidos tenga “evidencias” de que se cierna sobre el país la amenaza de un ataque cibernético.

Imagen2La carrera armamentística cibernética es la más compleja de las que se desarrollan en la actualidad. El Pentágono creó en mayo del 2010 un nuevo cibercomando, y se cree que la red de armamentos cibernéticos es uno de los pocos ítems del presupuesto militar que aumentará.

Para la puesta en marcha del cibercomando se cuenta con una plantilla de casi 90 000 hombres y mujeres sobre las computadoras, y se ha expresado de manera abierta que desarrollan herramientas tecnológicas para desatar ataques devastadores en “redes enemigas”. Para esos fines el Pentágono ha otorgado alrededor de 90 000 millones de dólares.

Además, el nuevo marco legal establecido, habilita al Presidente para lanzar ciberataques preventivos sin necesidad de pasar por el Congreso de Estados Unidos para requerir poderes especiales orientados a la “declaración de guerra”. Según este protocolo, el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional serían los encargados de monitorizar cualquier indicio de ataque y los encargados de la primera línea de defensa de las redes de comunicación comerciales, así como de los sistemas e infraestructuras críticas.

3 Al decir de las nuevas directivas, “el Pentágono no se involucraría en la defensa contra ciberataques comunes contra empresas o individuos norteamericanos”, aunque es quien tiene el mayor arsenal de herramientas cibernéticas. En el plano interior, la responsabilidad recae sobre el Departamento de Seguridad Interior y las investigaciones sobre ciberataques o ciberfraudes son llevadas a cabo por el FBI.

Sencillamente, el Departamento de Defensa, que se ha amparado en el pretexto de la ciberseguridad para emplearse a fondo en la ciberguerra, afirma que más de 100 organismos de inteligencia extranjeros están activamente atacando las 15 000 redes del Gobierno de Estados Unidos las que integran cerca de siete millones de computadoras.

Fruto de este análisis, el Equipo de Defensa del presidente llegó a la conclusión de que el poder de las armas de ciberguerra es bastante grande y, salvando las distancias, comparable al arsenal nuclear. Siguiendo el mismo criterio que con las armas nucleares, se pretende que el uso de la artillería cibernética sea decisión exclusiva del presidente de Estados Unidos y, por tanto, se requerirá su orden directa para realizar un ciberataque.

El gobierno de Obama ha apurado la implementación de firewalls más fuertes y otros sistemas de protección como primera línea de defensa frente a los ciberataques. Cada vez resulta más impresionante ver como el presidente de EE.UU., el pentágono, el FBI y el Equipo de Defensa de los Estados Unidos actúan como si fueran los dueños del mundo. ¿Será que todos tenemos un comando dedicado a la red, o todo el que se sienta amenazado podrá desatar una ataque desenfrenado?

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