Facebook: ¿súper red social o enorme banco de datos?

    facebook-evolutionDunnia Castillo Galán

dunnia@uci.cu

¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? ¿Cómo es tu país? Qué bien poder compartir contigo a pesar de que vivamos tan distantes. Una y otra vez muchas de estas expresiones son tecleadas por los usuarios de las redes sociales en su afán de encontrar e intercambiar con amigos de cualquier parte del orbe, pues la posibilidad de romper todas las barreras físicas existentes como resultado de la geografía, ha impulsado la presencia cada vez más,  de seguidores de estas herramientas y por qué no, también adictos a ellas.

Cada mañana al encender el monitor cientos de personas dan los buenos días a sus amigos de Facebook, cuentan cómo les fue en la anterior jornada, sus planes para ese día y por supuesto, dejan algunas imágenes para que a nadie le quepa dudas de cómo se divirtió. Y es que como dijera la especialista de estos temas Rosa Miriam Elizalde, esta red se ha convertido en la bitácora o diario donde los adolescentes –y los no tanto- guardan sus recuerdos para la posteridad. Aunque salvando mucho las distancias, porque aquí ya estos han dejado de ser privados para convertirse en muy públicos.

Retomando algunas de las palabras del periodista argentino Eduardo Febbro, con sus 1000 millones de usuarios registrados, si Facebook fuera un país sería el tercero del mundo, justo después de China (1340 millones de habitantes) y la India (1170 millones) y a la vez, el que más espía a sus ciudadanos.

Si bien es cierto que el origen de esta red social se debe a un sitio para estudiantes de la Universidad de Harvard, la idea de espacio de intercambio académico ha variado notablemente desde el 2004 cuando fue expuesto por Mark Zuckerberg hasta la actualidad, pues en los potentes servidores de esta súper empresa, se almacena una considerable cantidad de datos personales que luego son vendidos a los que nos manipulan y estudian para sus objetivos.

Con el surgimiento y auge de la web 2.0 las personas hemos sentido la necesidad de estar conectadas. No existimos si no tenemos un perfil al menos en una red social, y esto, en el mejor de los casos, pues usualmente los individuos vamos dejando nuestro rastro en dos, tres, cuatro y cuantas redes aparezcan.

Quiénes somos. De dónde. Qué hacemos. A dónde fuimos. Quiénes son nuestros amigos. Con quién nos reunimos.   Qué nos gusta. Con qué soñamos. A qué aspiramos. Cómo pensamos. Son apenas algunas de las informaciones que por cuenta propia colocamos a disposición de aquellos que nos observan, en ocasiones, bajo la creencia de que solo será visualizada por quienes consideremos, y así sin prestar mucha atención a la diferencia de si estos datos son “privados” o “íntimos” y que conste que entrecomillo estas palabras pues en la red esto es solo una falacia existente en nuestra imaginación. Todo lo que se publica en internet -sin obviar de ellas a las redes sociales- no es para nada privado, sino público y eso queda bien claro desde las políticas de la red que debemos leer y aceptar antes de entrar. Aunque ¿se ha detenido usted a leer estas políticas o solo ha señalado acepto sin saber de qué se trata?

Según explicó recientemente en Cuba la doctora argentina Inés Tornabene como parte de su  conferencia magistral “Privacidad e intimidad. La protección legal de la Información”: En algunos países se ha pasado de una vivencia atroz donde todo era un misterio a una experiencia donde se publica toda la información, incluida aquella muy íntima. Los responsables de nuestros datos personales somos los propios individuos pues las informaciones sensibles y que nos hacen vulnerables no deben ser compartidas.

Si bien el derecho a la información ha sido reconocido como un derecho humano de cuarta generación; el resguardo a la intimidad es también un derecho humano fundamental de primera generación, consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos desde 1948. ¿Cómo combatir entonces esta disyuntiva?

En medio de este mundo tan convulso varios son los países que han aprobado leyes de protección de datos personales con el objetivo de proteger la intimidad y demás derechos fundamentales de las personas físicas frente al riesgo que para ello supone la recopilación y el uso indiscriminado de sus datos personales, entendidos como tales toda aquella información que forma parte de su esfera privada y que puede ser utilizada para evaluar determinados aspectos de su personalidad (hábitos de compras, relaciones personales, creencia, etc).

En este sentido destacan naciones como: Argentina, España, México, Perú, Uruguay, Colombia, Nicaragua y otros que han regulado lo concerniente a este fenómeno. No obstante, no mucho es posible hacer cuando el lugar donde está almacenada la información es fuera de nuestra frontera y por demás, hemos aceptado de antemano –muchas veces sin darnos cuenta por no leer las políticas de seguridad- acogernos a las leyes de ese otro país para esos asuntos, las cuales en varios casos está bastante distantes de las nuestras.

¿Es gratis el uso de Facebook como proclama la red? Pues no. Todos pagamos y muy bien, pues pagamos con nuestra información. “El peso de Facebook es proporcional al grado de intimidad que revelamos con nuestras conexiones. – Explica Eduardo Febbro en su artículo Facebook, el gran predador de Internet-  Facebook y Google se apoyan en casi el mismo modelo económico: cuanto más se sabe sobre los gustos e inclinaciones de los usuarios, más dinero se puede hacer con esos datos sin que el utilizador haya dado su acuerdo”.

En la actualidad si alguien hablara de prescindir de Facebook sería todo un caos y muchos lo tildarían de loco, pues el uso de las redes sociales se ha convertido en algo tan inherente a los seres humanos como respirar o andar. Tal es así, que en varios países –entre ellos México- el derecho de los trabajadores a 10 minutos de descanso para usos tecnológicos (E-descanso) constituye un nuevo punto de la agenda de discusión de los obreros.

Hace algunos años podría parecer una utopía la posibilidad de tener amigos de todas partes del mundo y sobre todo, intercambiar diariamente con ellos, comentarles sobre nuestro quehacer o mostrarles fotos y videos de nuestro andar por la vida. Hoy el sueño es toda una realidad, pero con él también se ha impuesto un genuino servicio de inteligencia que se sirve de cada huella dejada por los usuarios para conocerlos, estudiarlos, espiarlos, manipularlos y sobre todo hacer dinero.

Ante este dilema, no cabe dudas -como dice un colega- de que el mayor reto al que nos enfrentamos radica en la guerra cultural a que son sometidos cual marionetas en medio de una actuación de teatro constante. Identificar  los peligros a que estamos sometidos en medio de esta era de la información será la única forma de revertirlos. Usar las herramientas puestas a nuestro alcance en esta sociedad del conocimiento no es un pecado, pero la ignorancia y la falta de análisis ante lo que se nos muestra sí lo es. Aprendamos en este mundo tan interconectado a tener una visión crítica y podremos subsistir en medio de la feroz carrera hacia la banalización y manipulación humana.

Recomendamos:

Facebook, el gran predador de Internet

¿Qué es la protección de datos?

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