Galaxy Gear o el reloj inteligente más popular del mundo

notificacion-gearDunnia Castillo Galán

Una y otra vez las noticias sobre el avance de las tecnologías inteligentes se adueñan de los medios de comunicación, el mercado y sobre todo, de los consumidores. Deslumbrar a todos con las “grandes posibilidades” de los IPhone u otros teléfonos inteligentes, autos, televisores, computadoras, e incluso electrodomésticos como multiprocesadoras o cocinas, se ha vuelto costumbre entre las grandes empresas productoras  de tecnologías, entre las que sobresalen Samsung, Nokia y Apple.

Con el fin de mantener ese ritmo desenfrenado de producción y consumo tecnológico, la sudcoreana Samsung apuesta ahora por su Galaxy Gear, convertido en el reloj inteligente más popular del mundo con ventas que alcanzaron 800 000 unidades desde su debut hace dos meses, según la empresa productora del artefacto. El Galaxy Gear funciona como un accesorio para los usuarios de teléfonos inteligentes de la línea Galaxy, y cuenta con una pequeña pantalla OLED que ofrece funciones básicas como toma de fotos, llamadas con manos libres y notificación de mensajes.

Cargado de tecnología, desde aplicaciones en el reloj hasta una cámara integrada en la correa, el Samsung Galaxy Gear se conecta mediante bluetooth al smartphone adquiriendo gran parte de las funciones más comunes del dispositivo móvil y algunas de las aplicaciones.

Llamativa es la función de llamada. La excusa de no poder coger el teléfono por no haberlo escuchado o no encontrarlo en el bolso desaparece por completo al recibir la llamada directamente en la muñeca. Desde el reloj el usuario puede tanto llamar como recibir gracias a los dos micrófonos y el altavoz que se esconden en su carcasa.

Además, la función S Voice permite utilizar el reloj directamente dando órdenes de voz, tanto para llamar a otros usuarios, gestionar el calendario o mandar mensajes, entre otras funcionalidades. La utilidad del Galaxy Gear pasa por poder recibir las notificaciones del móvil en la pantalla del reloj pero también por la posibilidad de hacer fotos directamente desde el dispositivo de muñeca. El reloj de Samsung cuenta con una cámara de 1,9 MP con autofocus capaz de grabar vídeos a 720p y 30 fps. Eso sí, si las futuras gafas de Google causan cierto revuelo por poder hacer fotos sin que el objetivo se de cuenta, el Galaxy Gear no debería estar muy alejado de la polémica.

Aunque Galaxy Gear no es el primer smartwatch o reloj inteligente del mundo, pues anterior a él encontramos entre otros a MOTOACTV de Motorola, I’m Watch de la empresa italiana I´m y Sony Smartwatch que como su nombre lo indica pertenece a la famosa compañía japonesa, el nuevo invento de Samsung se impone como el más caro al costar alrededor de 299 euros.  Con este lanzamiento, Samsung da otro paso en materia de accesorios inteligentes, en lo que se adelantó al rumoreado iWatch de su archirrival Apple, sobre el cual circularon varias versiones en la web, a pesar de que la compañía no hizo referencia a su posible lanzamiento.

Características técnicas Samsung Galaxy Gear

Dimensiones y peso

56,6 × 36,8 × 11,1 mm; 73,8 g

Pantalla

sAMOLED de 1,63 pulgadas.

Resolución

320 × 320 píxeles

Batería

315 mAh

Conectividad

Bluetooth 4.0; NFC en la carcasa de carga

Conexión

microUSB en la carcasa de carga; propietaria en el reloj

Memoria

512 megas de RAM; 4GB de disco

Cámara

1,9 MP autofocus, graba vídeo a 720p / 30 fps

Compatibilidad

Con gama alta Samsung: Note 3, Note 2, Galaxy S4, S3, etc.. véase en Xataka Android

Precio

299 euros

 Tecnología Inteligente vs Inteligencia Artificial

En ocasiones cuando hablamos de tecnologías inteligentes, muchos asociamos el término al de inteligencia artificial, sin embargo, aunque ambos casos tienen como denominador común el vocablo inteligencia, la diferencia entre ambos significados es bastante notable.

El concepto de tecnología inteligente se centra básicamente en dotar a un dispositivo determinado con una programación lógica que responderá de manera racional bajo un estímulo sobre sus sensores. Es decir, un televisor inteligente consta de una programación que ahorrará energía cuando sus sensores detecten que nadie está utilizando el mismo en ese momento, pasando al sistema a un modo de ahorro, o puede ajustar la resolución y el tamaño de la pantalla de acuerdo al formato de ingreso de imágenes o quizás también reconocer de manera automática los datos que se ingresan en él.

Para ello, cada uno de estos dispositivos cuenta con un microprocesador que analiza los datos de los sensores y responde en base a la programación que ha sido cargada en él como parámetros de uso.

En el caso de un auto inteligente, es capaz de utilizar los parámetros de ubicación brindados por un sistema de localización como el GPS, y combinando estos datos con los que ingresan a través de todos los sensores del vehículo conducir de manera automática y segura hasta el lugar (por ejemplo en el caso del Citroën C3 los sensores permiten que el vehículo estacione de manera automática).

Diferencia radical se observa entre este concepto y el de Inteligencia Artificial, pues esta última – acuñado formalmente en 1956 durante la conferencia de Darthmounth- apunta a que una máquina tome decisiones basadas no solamente en la lógica sino  también en lo emocional. Esta es una combinación de la ciencia del computador, fisiología y filosofía, que reúne varios campos como la robótica y sistemas expertos, entre otros, los cuales tienen en común la creación de máquinas que pueden pensar. En ciencias de la computación se denomina inteligencia artificial a la capacidad de razonar de un agente no vivo y si bien la tecnología y la ciencia han avanzado mucho en este campo, todavía los resultados son muy pobres.

En este afán, imitar el cerebro humano, o sea, sus funcionalidades, constituye el principal reto de los científicos en esta área. La propia Unión Europea ha financiado con 1.000 millones de euros el Human Brain Project, un plan para crear un modelo del cerebro humano que permita usarlo para controlar robots y también para hacer pruebas médicas. Pero no es posible aun hablar de resultados halagüeños en este sentido, aunque sí de algunos avances como TOPIO, un robot humanoide, creado por TOSY Robotics -una firma radicada en Vietnam- diseñado para jugar tenis de mesa contra un ser humano.

La versión 2.0 de TOPIO fue presentada en la Feria Internacional del Juguete de Núremberg de 2009, mientras que la 3.0 volvió a ser presentada en el IREX International Robot Exhibition (IREX) de Tokio, en ese mismo año.

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De manera general, es innegable el desarrollo abismal de la ciencia y la tecnología en todos los sentidos, sin embargo, cada vez estoy más convencida de quesi todos los proyectos que pasan por la mente de los científicos llegasen a una “feliz conclusión”, la especie humana estaría en riesgo de desaparecer.

¿Qué ocurriría si los robots fuesen capaces de realizar cualquier trabajo incluso aquellos que necesiten de un esfuerzo intelectual mayor? ¿Sobrarían algunos empleos para los humanos o los dueños de las empresas concentrarían sus esfuerzos en comparar estos aparatos y de esta forma “abaratar” los costos de producción? ¿Cuánto dañaría esto a los hombres que no podrían obtener empleos y por ende tampoco algo de dinero para sostenerse él y su familia?

¿Mantendríamos la opción de decidir nuestro actuar si los artefactos que usáramos para facilitarnos la vida conociesen todos nuestros sentimientos, gustos y necesidades, y fuesen ellos y no nosotros los decisores de nuestras vidas? De ocurrir esto,  ¿mantendríamos la opción de gobernarnos o seríamos reducidos a simples marionetas que pueden ser movidas al antojo de aquellos que nos espían detrás de estos artefactos?

La verdad es que la ciencia ficción ha sido una gran fuente de inspiración para aquellos fabricantes que buscan ideas para intentar imponer “el próximo gran golpe” en la industria tecnológica. Lo importante no será si estamos frente a relojes, televisores, autos inteligentes, impresoras 3D o de las famosas Google Glass, u otros dispositivos.

Lo importante será y sobre todo es, analizar además de sus posibilidades, las consecuencias de su uso para los seres humanos desde una mirada objetiva, sin intentar estirar la cuerda hacia un solo lado. Ser inteligentes y no ingenuos, debe ser nuestra máxima, pues las productoras saben perfectamente qué comercializan y sobre todo, qué ventajas le generarán, eso claro está, sin preocuparse mucho en la cuestión humana de dicho invento.

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