Barqueando por el ciberespacio

navegar la redPor: Arturo Chang

En este Foro no hablamos de los barcos con proa, popa, babor, estribor y surcan los mares, sino de los que barquean por el ciberespacio sumergidos bajo el manto de las tecnologías…

Nunca admití que quienes nacimos a orillas del mar no soñáramos surcar mares a bordo de una nave, sino conducir un vehículo automotor a toda velocidad por vías terrestres, como mismo ahora siento chocante que mientras Gabriel García Márquez haya dicho que con una computadora 20 años antes de escribir Cien años de soledad, habría creado el doble de las novelas, otros dispongan del moderno aparato y lo que hacen ¿por culpa de la computadora? es trabajar el triple menos de lo que deben y si lo comparamos con lo que pudieran, sería en cifras astronómicas.

El viejo Juan, que ante de fallecer había perdido la cuenta de la cantidad de lanchas que calafateó en el puerto de Casilda para que entre las tablas no se filtrara el agua, decía: “Cuando veas asomar un barco, desde que lo veas, hasta allí hay casi dos leguas porque la tierra hace una curva en ese tramo”, y desde entonces cada vez que escucho a alguien anunciar “Voy navegar” o lo diviso ir hacia una computadora, con o sin Internet, como el marino que se dirige a su nave para hacerse a la mar, lo miro, pero a diferencia de lo que sucede en el litoral, en las casi siempre refrigeradas oficinas, no se logra medir nada.

Una milla, dos… dentro de unos minutos solo veré la punta del mástil… solía calcular mentalmente cuando veía avanzar los barcos hacia el horizonte, pero en materia de navegación ciberespacial todo intento de saber la situación resulta inútil, pues hay quienes han desarrollado una capacidad tal de “barquear” que cuando creemos que están terminando, aún ni siquiera han empezado, y si se les pregunta cuánto tardarán en finalizar, la respuesta de 10, 15 ó 20 minutos puede lo mismo ser mañana, la semana que viene, que nunca…

A estos “barcos” se les ve con la mirada fija, perdida muy dentro de la pantalla, y también hasta con oídos taponeados por audífonos, concentrados lo mismo en el juego más tonto del mundo que en una complicada competencia on line contra adversarios en otras oficinas, invisibles, silenciosos, en otra dimensión donde nada se hace que tenga que ver con el trabajo.

Y si son de los privilegiados con Internet, o de la selecta minoría cubana con acceso a chat, Facebook y correo electrónico, entonces sí que hay quienes “barquean” con una capacidad asombrosa para enmascararse, son estrategas del arte del ocultismo al punto de que cuando se quejan de no poder concentrarse en su labor por la lentitud de la conexión, son ellos mismos quienes han colapsado el ancho de banda bajando un video de Youtube o subiendo a su muro FB o Flicr la foto de la última fiesta en la cual, si no lo hubo en la realidad, en la imagen que dan a la comunidad mundial de internautas es que las cubanas y los cubanos comen, beben, bailan y se divierten todo el tiempo sin trabajar.

Cuando por algún motivo se cae Internet, o se interrumpe el chat o el correo electrónico, patean el suelo con enfado, se levantan y exclaman cuanto improperio se les ocurre porque así no pueden trabajar, ni tampoco superarse, informarse… como si no hubieran existido faenas que se resolvieron durante muchas décadas con una pluma de ave u otras más avanzadas, la máquina de escribir mecánica o eléctrica. García Márquez dijo que hubiera escrito más novelas con una computadora, no que no habría escrito ninguna, pero es más: haya sido con un artefacto u otro, todas sus obras las escribió, con su talento, él, el más universal de los colombianos, no los instrumentos.

A estos barcos no les importa que la computadora no tenga Internet, o que no esté en red, pues con los CD, DVD, memorias flash, discos duros externos o cualquier dispositivo similar, crean un enorme océano para barquear.

Puede haber una larga cola esperando por la terminación de lo que parece ser un sofisticado proceso que los menos entendidos miran sin comprender por qué ahora es más lento que cuando con papel y lapicero llenaban un modelo, o puede estar hasta el jefe mismo chequeando, que estos “barcos” lo primero que aprendieron fue la técnica del submarino, sumergir las aplicaciones, ventanas o como se llamen para desaparecerlos de la vista, incluso sin usar el mouse, porque si alguna combinación de teclas rápidas se aprenden son las de minimizar (Alt + espaciador y seguidamente buscar “minimizar” con el cursor y: Enter) para –como los submarinos- hundirlo todo en la barrita inferior que –además- ponen en la opción de ocultar automáticamente para contribuir a la invisibilidad.

Como se habrán dado cuenta, en este Foro no hablamos de los barcos con proa, popa, babor, estribor y surcan los mares, sino de los que barquean por el ciberespacio sumergidos bajo el manto de las tecnologías.

(Tomado de Cubahora)

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