Brasil aprueba una de las leyes más avanzadas del mundo: El Marco Civil de Internet

Dilma-Rouseff-300x168Por Bia Barbosa y Pedro Ekman*

El 25 de marzo del 2014 será recordado, no sólo en Brasil, como el día del Marco Civil de Internet. En esta fecha, después de tres años de debate, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley que, además de contrarrestar los poderosos intereses económicos, garantiza los derechos ciudadanos y trata a la comunicación como un derecho fundamental y no como una mercancía. Se trata de una perspectiva sin precedentes en la historia de Brasil y una de las pocas leyes en el mundo en el campo de Internet que crea mecanismos para proteger al usuario.

En este sentido, el Marco Civil de Internet, que nació como propuesta de la sociedad civil y fue construido de forma colaborativa, con una amplia participación popular, podría servir como modelo para todas las democracias que buscan fortalecer la libertad y los derechos humanos.

Entre las diversas garantías que constan en el texto, las más significativas se expresan en los artículos 9, 19 y 7 del proyecto.

El artículo 9, considerado como el corazón del proyecto, protege la neutralidad de Internet. Es decir, el tratamiento igualitario de los paquetes de datos, independientemente de su contenido, origen y destino, servicio, terminal o aplicación. Esto significa que quien controla la infraestructura de red tiene que ser neutral en relación con los contenidos que pasan por sus cables. Esto impide, por ejemplo, que los acuerdos económicos entre las empresas definan qué contenidos tienen prioridad en relación a otros. O bien, que el acceso a Internet pase a ser controlado como la televisión por cable en la que sólo accede a los contenidos quien paga previamente, imponiendo un claro peaje en la red.

No es de extrañar que los mayores operadores de telecomunicaciones del país estuvieran en contra del proyecto, propugnando la libertad total para sus modelos de negocios y la imposición de condiciones asimétricas para el consumidor, con la pretensión de crear una red para los ricos y otra para los pobres. Su mayor representante en la Cámara de Diputados, el diputado Eduardo Cunha, líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), durante meses impidió la votación del texto. Afortunadamente, se mantuvo la neutralidad de la red, preservando la continuidad de Internet como un espacio en el que todos son iguales, independientemente de su poder económico.

Otro de los avances del Marco Civil es la garantía de la libertad de expresión de los usuarios de la red. Hoy la vieja censura que aterrorizó a Brasil durante la dictadura militar, se ha convertido en una práctica privada recurrente en Internet. Por temor a ser responsables por los contenidos publicados por terceros en sus páginas, los proveedores simplemente los eliminaban de la red. Asimismo, las autoridades que no les gusta la crítica pública, amenazaban con demandar por difamación, por ejemplo, a un proveedor que aloja un blog. O corporaciones de la industria cultural que notificaban a YouTube el retiro de contenidos que utilizan obras protegidas por derechos de autor.

Si por un lado puede parecer justo castigar a calumniadores o a aquellos que indebidamente utilizan obras protegidas, por otro, la revisión de los contenidos publicados no puede ser realizada de manera unilateral. Con la aprobación del Marco Civil, esta industria de censura privada automática que no respeta ningún proceso legal o derecho a la defensa de quien divulgó los contenidos cuestionados, tiende a ser desmontada. Esto se debe a que el artículo 19 del proyecto elimina la responsabilidad de los sitios web sobre los contenidos generados por terceros, poniendo fin a la inseguridad jurídica. Los proveedores sólo serán responsables si no cumplen con una orden judicial en contra de un contenido.

Por último, registra avances en la protección de la privacidad de los usuarios en la red, lo que garantiza la inviolabilidad de la intimidad y de la vida privada y de la confidencialidad del flujo y de las comunicaciones privadas amenazadas en la red. Por desgracia, la privacidad se ha convertido en una mercancía en Internet. En general, en los diversos servicios gratuitos usados en la red, el producto que se comercializa es el propio internauta, en la forma de sus datos más íntimos. Las plataformas utilizan la información personal y los datos generados por el comportamiento del usuario y luego los venden a empresas interesadas en el patrón de consumo de la población, o a los gobiernos que monitorean el movimiento político de su país o de otros. El ex agente de la NSA, Edward Snowden, por ejemplo, reveló al mundo que la agencia de espionaje de EE.UU. monitorea las comunicaciones privadas de los ciudadanos a escala masiva y con la colaboración de las empresas de tecnología e infraestructura.

Con el Marco Civil de Internet, las empresas brasileñas que operan en Brasil tendrán que desarrollar mecanismos para permitir que lo que escribimos en nuestros e-mails sólo sea leído por nosotros y por los destinatarios de los mensajes. El mismo artículo 7 de la ley garantiza que no se proporcionará a terceros nuestros datos personales, registros de conexión y de aplicación sin nuestro consentimiento, ilegalizando la cooperación de las empresas de Internet con departamentos de espionaje del Estado. La ley no impide que Google y Facebook vendan información, pero define que esto debe ser autorizado de forma libre, expresa e informada por los usuarios.

Estas y otras medidas de protección de la privacidad se ven debilitados por el único problema importante de todo el Marco Civil: el Artículo 15, que compromete la intimidad, al exigir que las empresas guarden durante seis meses, para fines de investigación, todos los datos de la aplicación (fruto de la navegación) generados en la red. El artículo vulnera el principio constitucional de presunción de inocencia al aplicar un tipo de interceptación a todos los internautas. La obligación de custodia de datos también genera la necesidad de mantener los datos en condiciones de seguridad, sobrecargando a los sitios y proveedores de obligaciones económicas. El alto costo puede conducir a la comercialización de dichos datos.

Organizaciones de la sociedad civil que estaban en contra de esta parte del texto buscarán ahora la modificación del mismo, que aún debe pasar por el Senado y por la sanción de la Presidenta de la República. Después de todo, si Dilma Rousseff fue a las Naciones Unidas a exigir soberanía y privacidad de las comunicaciones, no puede dejar pasar una falla de esta envergadura para la vigilancia de los internautas brasileños. Vale la pena señalar que el gobierno de Dilma fue un poderoso aliado del proyecto. Sin este apoyo decisivo, el proyecto aún estaría en la larga lista de leyes importantes para el país a la espera de la votación en el Congreso.

Considerando los aciertos y errores del texto, el balance es ciertamente positivo. Y por eso, los internautas y defensores de la libertad de expresión, que construyeron el Marco Civil de Internet y actuaron, persistentemente, en las redes y en el Parlamento, para que sea aprobado, seguirán alertas. La presión económica de los operadores de telecomunicaciones y los intereses políticos activados por las elecciones presidenciales en Brasil, que tendrán lugar en octubre, pueden echar a perder esta conquista.

La democracia no es un sistema donde las cosas se resuelven fácilmente. Pero ahora, Brasil cuenta con una ley que crea las condiciones para la construcción de un camino en el cual, finalmente, podemos seguir siendo libres. Y eso no es poca cosa. (Traducción ALAI)

* Bia Barbosa y Pedro Ekman son coordinadores de Intervozes, Brasil.

Ver Marco Civil de Internet en PDF

(Tomado de Observatorio de Comunicación y Medios – Escuela de Periodismo PUCV – Valparaíso – Chile)

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