Biopower: en busca de la energía renovable

HG-Carmen-01-904x1155-801x1024Por Yimel Díaz/ Tomado de Trabajadores
La cita a que anualmente convoca la Feria Internacional de La Habana (Fihav) permite seguir la evolución de algunos de los negocios que nacen en estos predios. Un ejemplo de ello podría ser Biopower, empresa mixta (exportadora e importadora) que con capital cubano y británico, se ha propuesto generar energía eléctrica a partir de la biomasa vegetal, cañera en tiempo de zafra y de marabú cuando esta concluye.

Azcuba, grupo empresarial rector de la industria azucarera en Cuba, impulsa la construcción de 19 bioeléctricas en el país, todas anexas a las plantas de fabricación de azúcar, aseguró a Trabajadores Carmen Taboada Hernández, vicepresidenta de Biopower:
“Las más adelantadas son las del CAI matancero Jesús Rabí, que tiene financiamiento gubernamental y proveedores extranjeros, y la nuestra, pionera en la modalidad de empresa mixta que fue constituida a finales de noviembre del 2012. En ella integran la sociedad mercantil cubana Zerus, de Azcuba, y a la británica Havana Energy Ltd”.
El propósito primero es construir una planta generadora de 60 megawatt diarios, aledaña al Complejo Agro Industrial (CAI) Ciro Redondo, en Ciego de Ávila —comenta Taboada, quien antes se desempeñaba como especialista principal del grupo técnico de esa fábrica de azúcar.
Recientemente la General Electric compró el 80 % de la empresa francesa con la cual habíamos establecido los diseños y el proyecto llave en mano —dice. Eso ha representado un contratiempo, pues ya sabemos lo que significa el bloqueo de Estados Unidos a Cuba.
No obstante, el inversionista extranjero, que tiene entre sus responsabilidades la búsqueda del financiamiento, evalúa otros proveedores, europeos y chinos, quienes asumirían las fases de ingeniería, construcción y puesta en marcha. No fue casual la elección del CAI Ciro Redondo: desde el punto de vista geográfico tiene una ubicación estratégica, cuenta con buenas cuencas de agua, importantes zonas cañeras y está cercado, en un radio de unos 30 kilómetros, por una frondosa población de marabú.
Desde Biopower hemos investigado el tema de la infestación de marabú en Cuba —comenta Carmen—, el Instituto de Investigaciones Agroforestales también ha estudiado la densidad de esos arbustos con vistas a que la agricultura pueda procesarlo y vendérselo como biomasa a las bioeléctricas proyectadas por Azcuba.
De inicio pretendemos acabar con la plaga —reflexiona— pues teniendo en cuenta el ciclo de vida de la especie, no es conveniente dejarlo crecer nuevamente. Hemos sugerido que una vez cortado el marabú, al menos las tierras que pertenecen al Ministerio de la Agricultura, sean destinadas a proyectos forestales con especies como el eucalipto que en tres años es adulto y tiene un alto poder calórico.
Varias empresas están comprando maquinarias para procesar el marabú —dice. Nosotros hemos probado las importadas por el inversionista extranjero. Dentro de unos meses determinaremos cuál es la idónea y luego estableceremos la logística adecuada para echar a andar esta primera bioeléctrica que consumirá mil 200 toneladas de marabú astillado al día.
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Carmen Taboada Hernández, vicepresidenta de Biopower. Fotos: Heriberto González.
También carbón activado
Y mientras se construye la bioeléctrica, Biopower descubrió un segundo y rentable propósito: la fabricación de carbón activado a partir del marabú y con fines exportables. Es la primera empresa que lo consigue desde Cuba y también trabajan para satisfacer la demanda nacional.
El carbón activado es un producto muy utilizado para la retención de gases y sustancias que transfieren color, olor y sabor en medios líquidos. Se emplea en la refinación de azúcar y rones, en minería, metalurgia, equipos de seguridad, medicina, equipos de enfriamiento y más. Su principal virtud es la capacidad de absorción que le otorga su alta porosidad.
Este carbón puede ser activado gracias a la acción química o física. Biopower emplea esta última modalidad a través del calor o la inyección de vapor:
“Estamos planificando la compra de hornos de mayor capacidad y mejor tecnología. Actualmente, en 8 o 12 horas, a más de 750-800 grados de temperatura, producimos entre 300 y 400 toneladas de carbón activado que han tenido una excelente aceptación en el Reino Unido”.
Carmen, quien en apenas unos meses ha cambiado su tranquila rutina del batey avileño, por las prisas y tensiones de la innovación industrial y la inversión extranjera, da fe de cuán extendidos están, entre los empresarios cubanos, los compromisos medioambientales:
“Como país tenemos muchas potencialidades, pero también hay mucho que aprender. En el contexto de estas Ferias, he participado en las dos últimas ediciones, se aprecia la necesidad de invertir en las energías renovables aunque son muy costosas en su construcción y mantenimiento. La nueva ley para la inversión extranjera abre un abanico de posibilidades y las empresas cubanas tienen que ponerse a tono para ser verdaderos garantes de ese financiamiento. Si yo tuviera un capital ávido de reproducirse, invertiría en la agricultura y en la industria azucarera, esta última siempre fue la primera industria de Cuba, y bien explotada, puede volver a serlo”.
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