“Twitter for Diplomats” #Book

twitter-for-diplomatsPor: Andreas Sandre/ Ventana Política

Twitter no sólo es la red social que está creciendo más rápido, sino que además supone una verdadera iniciación para la mayoría de embajadores de todo el mundo. De hecho, los 140 caracteres han transformado la forma en la que vemos el mundo. Han cambiado la forma en la que la política exterior se adapta para dar una mejor respuesta a los retos internacionales. En la antigua Roma, este fenómeno se llamaba Vox Populi. Hoy adopta diversos nombres, desde e-diplomacia hasta Twiplomacia.

Publicado en Internet por Diplo, “Twitter for Diplomats” (Twitter para diplomáticos) es la primera publicación que analiza cómo las redes sociales aplicadas a la diplomacia ayudan a crear – y mantener –  una conversación real entre los artífices de las políticas y los ciudadanos, entre los diplomáticos y los públicos extranjeros.

Este libro no es un manual, tampoco una lista de lo qué se debe hacer o no. Es más bien un conjunto de informaciones, anécdotas y experiencias. Recoge unos cuantos episodios sobre ministros y embajadores, sus formas de interacción con Twitter y cómo exploran el gran potencial de esta herramienta. La obra pretende motivar a embajadores y diplomáticos para que se abran una cuenta y la alimenten, y también quiere motivarnos a todos para que utilicemos Twitter y aprendamos a escuchar mejor y abramos nuestras mentes.

Desde los “tuiteracditos” (“twitterati” en inglés), como el representante de EE.UU. ante las Naciones Unidas @AmbassadorRice, que está en Twitter desde enero de 2009, hasta los novatos, como el embajador británico en Estados Unidos @PeterWestmacott y su colega griego @C_Panag (ambos se unieron a la red en el mes de febrero de 2013), no es ningún secreto el hecho de que todos los diplomáticos ven a Twitter como una nueva forma de conectar con los públicos extranjeros y con sus nacionales.

“Las redes sociales exponen a los artífices de las políticas ante audiencias globales y al mismo tiempo permiten que los gobiernos puedan contactar con esas audiencias instantáneamente”, explica el Ministro de Asuntos Exteriores italiano @GiulioTerzi en el prólogo de “Twitter for Diplomats”.

“Twitter tiene dos grandes efectos positivos en política exterior: fomenta un intercambio fructífero de ideas entre creadores de políticas y sociedad civil y mejora la capacidad de los diplomáticos para recoger información, al igual que para anticipar, analizar y gestionar sucesos y las posibles reacciones ante los mismos”.

Independientemente de cómo se llame esta nueva tendencia en diplomacia, las redes sociales como Twitter han obligado a diplomáticos y comunicadores a repensar y rediseñar la diplomacia, reubicándola en un contexto distinto. Por decirlo de alguna manera, es como si la “diplomacia tuitera” hubiese alterado el ADN de la diplomacia: una especie de adaptación genética a las nuevas tecnologías.

La adaptación, no obstante, lleva su tiempo, y en el caso de la diplomacia puede llevar incluso más. Twitter es una experiencia muy práctica para los principiantes, pero no todo el mundo se siente cómodo usando esta red. De ahí, que sea cada vez más evidente la necesidad de realizar más investigaciones y de dar más formación. Para que se pueda sacar el mayor jugo a cualquier agenda digital y por tanto a la experiencia en Twitter, es esencial entender cómo la práctica de la diplomacia digital puede contribuir a mejorar las estrategias de política exterior, tanto en el plano bilateral como multilateral, y cómo la diplomacia tradicional puede verse complementada con nuevas herramientas.

Mientras que las tecnologías de la información – y los avances en el sector móvil especialmente –  están facilitando una nueva vía para emplear mejor la información, es importante subrayar el hecho de que las diplomacias existentes en todo el mundo siguen ancladas en las herramientas tradicionales; mejor dicho, están investigando nuevas formas innovadoras para integrar sus esfuerzos. También es importante destacar que las tecnologías representan un medio, no la causa. Son el resultado de ideas y como tal necesitan enfocarse para servir mejor a nuestros objetivos. Teniendo en cuenta lo volátil que es la tecnología, en gran parte porque está en constante cambio, en lo que necesitamos centrarnos, no es en la tecnología en sí misma, sino en la naturaleza de la innovación.

Por supuesto, los diplomáticos no son unos frikis tecnológicos. Nadie espera que lo sean. Más que estudiar tecnología y aplicarla a su práctica, el trabajo de un diplomático debe ser entender cómo la tecnología puede complementar a la diplomacia. El trabajo interno de plataformas, nubes, aplicaciones, comunidades online no está evidentemente en la naturaleza del trabajo de un diplomático.  Lo que importa es entender cómo esas tecnologías pueden manipularse y moldearse para objetivos de política exterior. Presentada como una simple guía sobre cómo los profesionales utilizan Twitter para interactuar con gente alrededor del mundo, “Twitter for diplomats” plantea un enfoque de caso, que hace que la publicación sea “especialmente útil para comprender las dinámicas de la diplomacia en Twitter o la Twidiplomacia”, como declara el Ministro de Asuntos Exteriores italiano @GiulioTerzi.

De hecho, aunque los orígenes de Twitter se encuentran a años luz de vincularse con la diplomacia – dado que su popularidad creció primero entre las estrellas de Hollywood – se puede decir que ha contribuido a incrementar la relevancia de la diplomacia en los medios de comunicación y más allá, y por supuesto ha contribuido a dotarla con una mejor capacidad de alcance y participación.

Twitter y otras redes sociales permiten sacar a la política exterior de la típica interacción Estado-Estado y “virar hacia la gente” tal y como dice @SlaughterAM de la Universidad de Princeton, antiguo Director de Planificación Política del Departamento de Estado de EE.UU. durante 2009-2010 y antiguo decano de la Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Públicos e Internacionales, donde ministros de gobierno, embajadores y diplomáticos intentar contactar con actores menos tradicionales y otros jugadores no gubernamentales.

“El hablar directamente a los ciudadanos – viendo a los ciudadanos de un país como a su gobierno – no es simplemente un recurso retórico”, explica el profesor @SlaughterAM en un artículo de marzo de 2012 en Project Syndicate.

Twitter puede ser el primer paso hacia una diplomacia digital y abrirnos a todos a una conversación global. Pero Twitter, Facebook y el océano de redes sociales no deberían ser un proceso de adaptación diplomática. Hay que mirar más allá. Hay que concebir cómo el poder de las ideas puede crear resultados mejores y ayudar a la diplomacia tradicional en su transición a una nueva fase en la que los ciudadanos son los nuevos protagonista y en la que los políticos y diplomáticos dejan de ser élites.

Utilicemos Twitter y todas las herramientas de e-diplomacia a nuestra disposición para investigar todo el potencial digital y para activar un verdadero giro, haciendo de la e-diplomacia la herramienta más extraordinaria que puedan tener nuestro gobiernos, llenando las agendas de política exterior y conectándonos con todo el mundo.

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